La raíz del bullying: carencias, envidia y falta de equilibrio
«Son cosas de niños» … ¿De verdad?
Estos días, con el caso de la niña Sandra, muchas madres y padres nos hemos quedado con el corazón encogido. Porque, más allá del dolor, hay una pregunta que resuena fuerte:
¿En qué momento empezamos a normalizar comportamientos que, en realidad, son señales de desequilibrio emocional?
Se dice: “Son cosas de niños”.
Pero no, no lo son.
Son cosas de niños que sufren un desequilibrio emocional, que lo expresan a través de la burla.
Y a veces el bullying empieza mucho antes de llamarse “bullying”.
Empieza cuando a una niña le hacen el vacío, cuando no la invitan, cuando se ríen bajito, cuando no se le da valor.
No hace falta llegar a los insultos o agresiones para que duela.
Y no deberíamos quitarle importancia con un simple “ya se les pasará”.
Porque esos pequeños comportamientos, si no se entienden ni se acompañan, crecen.
Y esos niños que hoy “solo” hacen el vacío, mañana pueden convertirse en acosadores, repitiendo el mismo patrón de desequilibrio emocional, sobre todo cuando se unen con otros que tienen el mismo problema emocional.
Las Flores de Bach pueden ser un apoyo. Pero, siendo realistas, no son una varita mágica. Además, no es la víctima quien necesita un tratamiento, sea psicológico o de otro tipo, sino los acosadores.
Muchas veces, las víctimas son niños y niñas que brillan de forma natural —por su sensibilidad, su creatividad o su manera distinta de ser—, y los acosadores no soportan ese brillo, tal como en el cuento de la luciérnaga y la serpiente.
Y aunque cueste reconocerlo, los padres también forman parte de ese proceso.
Los niños no caen tan lejos del árbol.
Hacer como si ese comportamiento no tuviera nada que ver con el entorno familiar o con la gestión emocional en casa es negar una verdad incómoda, pero necesaria.
La envidia, la necesidad de dominar, el miedo a no ser suficiente…
suelen nacer de carencias afectivas no resueltas.
Porque cuando una persona está en equilibrio, no necesita humillar, excluir ni dañar.
Decir que son “cosas de niños” es, en realidad, darle rienda suelta a su desequilibrio emocional.